Capítulo 115: El Llanto de la Sombra
El estallido de la amatista llenó el aire de esquirlas púrpuras que cortaban como cuchillas. Astraea se cubrió el rostro con el antebrazo, sintiendo cómo el eco de aquel llanto —un sonido que no pertenecía a la garganta de un recién nacido, sino a la vibración de una campana de plata— sacudía sus propios cimientos. El Cazador de Sombras que acababa de descender aterrizó con la pesadez de quien carga con el peso de la muerte, dejando rodar la cabeza de Mikhai