El día dieciséis se presentó con un frío seco que calaba hasta los huesos de los guardias en las murallas, pero para Astraea, el clima era una distracción secundaria. Su verdadera batalla era interna. La proximidad del día setenta y uno estaba provocando que su biología híbrida entrara en una fase de "hambre de estabilización". No era simplemente hambre de alimento, sino una necesidad celular de equilibrar la ferocidad de su parte de loba, que aullaba por el vínculo inminente, con la frialdad d