El Gran Salón seguía en silencio tras mi anuncio.
—Gemelos... —murmuró Damián, mirando mi vientre con reverencia y miedo.
Intenté levantarme del Trono para disfrutar de mi victoria.
Pero mis piernas fallaron.
No fue un mareo normal. Fue como si alguien hubiera tirado del tapón de una bañera. Mi energía, esa fuerza inmensa que había robado a Lorenzo y a su ejército, desapareció en un segundo. Succionada hacia adentro.
—¡Ah!
Caí de rodillas sobre la piedra fría.
—¡Valeria! —Mateo corrió hacia mí,