El agua negra del río explotó en espuma roja.
Los ejércitos chocaron en el vado poco profundo. El sonido fue ensordecedor. Hueso contra hierro. Garras contra escudos. Aullidos de rabia y gritos de agonía.
Yo estaba en la orilla, protegida por un círculo de mis guerreros berserker.
Lorenzo no mentía. Sus gigantes eran máquinas de demolición.
Vi a un Sangre Negra levantar a dos de mis lobos por el cuello y estrellar sus cabezas entre sí como si fueran melones.
—¡Mantened la línea! —rugió Rafael,