La lluvia olía a cobre.
Estaba de pie en la colina, vigilando la línea del frente. Abajo, el caos era absoluto.
Damián era un borrón negro en la oscuridad. Lo veía saltar sobre los guerreros de Sangre Negra, arrancando gargantas con los dientes, sin preocuparse por su propia defensa.
Era una máquina de matar suicida.
Pero no era el único luchando.
Rafael estaba en el centro del valle, convertido en su forma de lobo completa: una bestia gris gigante, del tamaño de un caballo pequeño.
Luchaba con