Rafael arrugó la nota de Lorenzo hasta convertirla en una bola de papel.
—Vas al búnker —ordenó el Alfa Supremo. Su voz no admitía discusión—. Mateo te llevará a las cámaras subterráneas de seguridad máxima. Allí estarás a salvo hasta que acabemos con Sangre Negra.
Me giré desde la ventana rota. El viento helado me golpeaba la cara, pero yo sentía un fuego nuevo ardiendo en mi pecho.
—No —dije.
Rafael y Mateo se quedaron de piedra.
—¿No? —repitió Rafael, incrédulo—. Valeria, estás embarazada. L