Saltar al portal no fue como caer. Fue como ser tragada.
La oscuridad se cerró sobre mí, fría y pegajosa como alquitrán.
No había suelo. No había cielo. Solo un túnel de sombras que giraba, intentando desorientarme, intentando separarme de mi propósito.
—Rafael —llamé.
Mi voz no tuvo eco.
Aterricé de pie. Pero no en una cueva.
Estaba en un pasillo.
Las paredes eran de espejos negros. El suelo era de mármol rojo. Olía a perfume caro y a decadencia.
Empecé a caminar. Mis pasos resonaban con un so