La niebla se tragó el último eco del llanto de Luna.
Y entonces, el mundo explotó.
No fue una bomba. Fue Kael.
El niño de la sombra cayó de rodillas en la nieve manchada. Su pequeño cuerpo temblaba con una vibración tan fuerte que agrietó el hielo bajo sus pies.
—¡AAAAAAHHHHHH!
Su grito no era humano. Era el sonido de un agujero negro abriéndose.
Sombras sólidas, como tentáculos de tinta, salieron disparadas de su espalda.
Golpearon los árboles.
¡CRACK! ¡CRACK!
Pinos centenarios se partieron po