–Señor, Ellos acaban de salie del despacho del señor Sebastiano–
–De acuerdo– Alexander colgó el teléfono levantándose de la silla, tomó su saco y salió del despacho con pasos rápidos dirigiéndose al ascensor.
Valentina y Sebastiano salieron del ascensor en el estacionamiento y continuaron conversando mientras caminaban hacia el coche de Sebastiano, pero se detuvieron al ver a Alexander apoyado en su automóvil con los brazos cruzados y la mirada fija en ellos, con el rostro serio.
Valentina suspiró, ya imaginando otra escena.
Alexander se apartó del coche y se acercó a los dos, deteniéndose frente a Valentina.
–Vamos–
–¿Qué? Yo no voy contigo–
–Necesitamos hablar–
–No tengo nada más que hablar contigo, ¿o pretendes confesar otra de tus acciones “altruistas”?–
Alexander suspiró irritado. –Solo sube al coche–
–Todavía estamos trabajando, así que si no le importa, aún necesito a mi asistente– dijo Sebastiano interviniendo, y se ganó la mirada afilada de Alexander.
–Y yo necesito a mi p