Alexander apretó la pluma en su mano hasta el punto de romperla, mientras mantenía su mirada sombría sobre los dos.
–¿Qué payasada es esta?– preguntó casi con un gruñido.
–No es ninguna payasada. Estoy aquí como parte del grupo Borgia para evaluar la situación de la empresa y ver si es seguro hacer una alianza o no, y por supuesto, necesito una asistente ya que no estoy familiarizado con la forma en que se hacen los negocios aquí en España, y Valentina es una antigua compañera de universidad