Alexander apretó la pluma en su mano hasta el punto de romperla, mientras mantenía su mirada sombría sobre los dos.
–¿Qué payasada es esta?– preguntó casi con un gruñido.
–No es ninguna payasada. Estoy aquí como parte del grupo Borgia para evaluar la situación de la empresa y ver si es seguro hacer una alianza o no, y por supuesto, necesito una asistente ya que no estoy familiarizado con la forma en que se hacen los negocios aquí en España, y Valentina es una antigua compañera de universidad, es capaz, eficiente y de toda mi confianza. Pero dado que usted y ella tienen lazos personales, consideré mejor informarle para que no haya malentendidos. Sé que Valentina es su prometida, y solo quiero que seamos profesionales mientras estemos en el ambiente de trabajo–
Alexander se levantó de la silla con una vena grande palpitando en su cuello.
–¿Esto es alguna broma?– preguntó mirando a Valentina.
–Yo solo rindo cuentas al señor Borgia mientras esté aquí en la empresa, trabajo directamente pa