Dominic se inclinó hacia la mesa de centro y se sirvió más whisky, casi llenando el vaso.
–Haz lo que quieras, esa mujer no es nada para mí. Ya no tiene ninguna utilidad– respondió Dominic sin la menor emoción en la voz.
Antonio sonrió ampliamente. –Ah, claro. Los Strom cayeron, tu venganza ya está completa. Por eso quiero que vengas conmigo, ya no hay nada que te ate aquí–
–Solo dame algunos días–
–De acuerdo. Me voy, hermano–
Antonio salió de la sala.
Dominic fijó la mirada en el vaso, volviendo a sentir aquella extraña sensación en el pecho al recordar las palabras de Antonio sobre aquella mujer, y tomó el vaso, vaciándolo de un solo trago en un intento fallido de hacer desaparecer esa sensación. Era como si su mente y su corazón estuvieran en conflicto, pero solo la mente tenía argumentos para vencer.
Antonio tenía razón. Su venganza contra los Strom allí ya estaba concluida. Todo su camino había sido para alcanzar ese único objetivo, y su madre ya podía descansar en paz con la ru