Serena giró el rostro hacia la carretera, ignorándolo.
–No hace falta, puedo irme a casa sola–
–Será difícil conseguir un coche a esta hora. Déjeme llevarla, por favor. No me quedaré tranquilo si sé que la dejé ir sola. Y si desconfía, aquí tiene mi tarjeta– El hombre sacó una tarjeta de su billetera y se la entregó a Serena.
«Antonio Greco»
Serena miró el logotipo de la tarjeta y luego la discoteca, confundida.
–¿Usted es el dueño?–
–Socio. Dominic y yo somos socios en este y en otros negocios