Sabía lo que significaba.
Pero se negaba a admitirlo.
Se negaba a decir, siquiera a pensar, que el lobo frente a ella… ese mismo que era una leyenda viva, un supuesto monstruo renacido… podía ser su segunda oportunidad de compañero.
—No —susurró para sí misma, bajito, mordiéndose el labio inferior—. No puede ser.
Pero la loba dentro de ella rugía impaciente, reconociendo lo que ella aún negaba.
Siempre pensó que eso no existía, que era solo otra leyenda creada para dar esperanza a los débile