El sonido del vidrio rompiéndose retumbó por toda la mansión de Vientos Sombríos. Kael lanzó la botella de whisky contra la pared, jadeando, con las venas marcadas en el cuello y los ojos completamente inyectados de furia.
—Esos malditos… —gruñía, caminando de un lado a otro, pasándose las manos por el cabello—. ¡Me están desafiando! ¡En mi puta cara!
Tommy, detenido en la puerta del despacho, observaba la escena con los brazos cruzados y respirando hondo. El olor allí dentro era insoportable…