Una semana después
El ambiente dentro del despacho de la manada Luna Sangrienta estaba denso. Había mapas abiertos sobre la mesa de madera maciza, montones de cartas apiladas en las esquinas y dos pares de ojos atentos analizando cada detalle.
—Esta no. —River gruñó, golpeando el papel con el índice—. Se arrodillaron ante los ancianos cuando expulsaron a las omegas que se negaron a aceptar una marca forzada.
—Estoy de acuerdo. —Solomon se cruzó de brazos, con la mirada afilada—. Y esta de aquí…