El bosque estaba envuelto en niebla, y el sonido de ramas quebrándose bajo pasos apresurados resonaba como una alarma de muerte. Dos figuras femeninas corrían entre los árboles, los cuerpos jadeando de agonía, los pies descalzos heridos por la tierra húmeda y las piedras puntiagudas. La sangre dejaba un rastro invisible para ojos humanos, pero no para quienes las perseguían.
—Están demasiado cerca… —murmuró Petra, los ojos abiertos de miedo—. Lilian… no vamos a lograrlo…
—¡Sí van a lograrlo! —g