Siguieron caminando, ahora en silencio. Cada paso era tenso, cada rama rota hacía que sus corazones se aceleraran. Y entonces vino el sonido.
Un chasquido.
Otro.
El crujido entre los árboles se hizo más fuerte, los ojos atentos de todos se dirigieron a los alrededores, y el silencio absoluto fue reemplazado por un zumbido agudo.
—¡Sepárense! —gritó River.
Un chasquido metálico se oyó, un disparo.
River tambaleó hacia atrás, la mano presionando el hombro: era un arma de descarga. El dardo vibra