—Sí —confirmó Lizzie, con la calma cortante de quien ya había previsto la reacción—. Llevas la enfermedad porque te metiste entre él y su destino. Él era el compañero de otra, y tú ayudaste a alejarlos, susurrándole al oído como una serpiente. Ahora el lazo entre ustedes está corrompido. Para romperlo… tendrías que eliminarlo.
Camilla se acomodó en el sofá, la garganta seca, la piel aún más caliente.
—Eso es…
—¿Locura? —Lizzie sonrió torcido—. Lo sé. Y no pienses que sería fácil. Es un Alfa. U