—Me gusta cuando me amenazas —replicó con una sonrisa ladeada—. Me hace sentir especial.
Ella puso los ojos en blanco y siguió la senda. River, Callie y Nora la acompañaron, cada uno cargando con sus propios pensamientos, miedos y esperanzas.
Callie y Nora caminaban lado a lado, intercambiando susurros ocasionales, mientras Lyra y River iban al frente, abriendo paso por la senda estrecha entre los árboles. El bosque era denso a la izquierda, un enredo de ramas retorcidas y sombras profundas; a