[Daisy]
El sonido de los cubiertos de plata rozando la porcelana fina de Limoges era lo único que rompía el silencio sepulcral del comedor principal.
Estaba sentada en uno de los extremos de una mesa de caoba que fácilmente podría acomodar a veinte personas. En el otro extremo, a una distancia que parecía kilométrica, estaba mi esposo.
Arturo Vargas, de sesenta y dos años, magnate de los bienes raíces en España, masticaba su filete de ternera con la vista fija en un informe financiero impreso q