[Adriana]
El suave zumbido de las turbinas del jet privado de Alan aún parecía resonar en mis oídos, pero fue rápidamente reemplazado por la sinfonía rítmica y pacífica de las olas rompiendo contra los acantilados.
Alan no había mentido ni exagerado un solo milímetro cuando prometió llevarme lejos. Menos de veinticuatro horas después de nuestra conversación en la cocina de su penthouse, estábamos a cientos de kilómetros al sur de Roma, escondidos en una de las villas más exclusivas y privadas d