REY DE OROS. CAPÍTULO 8. Una noche de bodas
REY DE OROS. CAPÍTULO 8. Una noche de bodas
“No, no te puedes poner a rezar a esta hora porque tengo toda la intención de darte como a tambor de guerra hasta que seas tú la que suelte el alarido”. ¿Eso le iba a decir? ¡Pues claro que no!
Así que
Alaric se quedó unos segundos en silencio, con la expresión aturdida y la mirada fija en Costanza. Había sido una noche larga, llena de formalidades, gestos protocolarios y sonrisas tensas, y ahora, en la privacidad relativa de la mansión, sentía que no podía negarle nada.
Además, la idea de discutir con ella era casi imposible; cada vez que lo miraba con esos ojos enormes, él sentía un nudo en la garganta y un extraño calor en el pecho. ¡Era un angelito! ¡¿Cómo se suponía que la tocara siquiera?!
—Está bien —dijo más que dispuesto—. Te dejaré la habitación nupcial solo para ti.
Costanza abrió los ojos con sorpresa y una sonrisa que mezclaba incredulidad y satisfacción. Quizás había pensado que tendría que ponerse mucho más insistente o algo a