REY DE OROS. CAPÍTULO 8. Una noche de bodas
REY DE OROS. CAPÍTULO 8. Una noche de bodas
“No, no te puedes poner a rezar a esta hora porque tengo toda la intención de darte como a tambor de guerra hasta que seas tú la que suelte el alarido”. ¿Eso le iba a decir? ¡Pues claro que no!
Así que
Alaric se quedó unos segundos en silencio, con la expresión aturdida y la mirada fija en Costanza. Había sido una noche larga, llena de formalidades, gestos protocolarios y sonrisas tensas, y ahora, en la privacidad relativa de la mansión, sentía que no