JOKER. CAPÍTULO 37. Por el resto de nuestras vidas
JOKER. CAPÍTULO 37. Por el resto de nuestras vidas
Akira y Kenichi salieron de la villa imperial cuando la madrugada estaba más oscura. El aire era fresco y limpio, y por primera vez en muchas horas, ambos pudieron respirar con una sensación cercana al alivio. La tensión acumulada durante la reunión parecía haberse quedado atrapada entre aquellas paredes solemnes.
Caminaron unos pasos en silencio, dejando que el eco de la respuesta de Su Majestad Imperial se asentara en sus cabezas, y fue Kenichi quien rompió primero la quietud, con una sonrisa ladeada que delataba su humor intacto incluso después de semejante jornada.
—Bueno —dijo tratando de aguantar la risa—, ¡al menos tu nieto va a tener que subirle el sueldo a mi nieto!
Akira lo miró un segundo, y luego soltó una carcajada franca, de esas que nacen sin filtro.
—Eso seguro —respondió—. Si todo sale como planeamos, el muchacho va a tener un empleo bastante exigente.
Ambos rieron, compartiendo ese humor absurdo que siempre los ayuda