Vittorino caminaba de un lado a otro de la biblioteca de la villa con el corazón agitado. La conversación con Amanda había dejado un sabor amargo, como si sus palabras hubieran chocado contra un muro imposible de derribar. La firmeza en los ojos de ella lo había marcado: no quería volver, no quería arriesgar la paz de su hijo. Y en el fondo, Vitto sabía que la raíz de todo aquello tenía un nombre: Alejandra, los celos llenaba de muchas dudas a Amanda
Se detuvo frente a la gran ventana que daba