El fotógrafo sabía reconocer una oportunidad cuando la veía. Sentado en su coche, en la calle del café, revisó las fotos y el breve video una y otra vez. La imagen era clara: Amanda, concentrada, vulnerable, hablando por videollamada con un hombre atractivo. No hacía falta contexto; la imaginación haría el resto. Marcó un número que ya tenía guardado.
—Tengo algo que podría interesarte —dijo sin rodeos cuando la llamada fue atendida—. Algo… delicado.
Hubo una breve pausa.
—Habla —respondió Alejandra al otro lado, con voz controlada.
—Fotos y video. Amanda. No con Vittorino. En un café. Bastante… íntimo.
—¿Cuánto? —preguntó ella, sin sorpresa.
El fotógrafo sonrió. La cacería había sido fácil. . . -Bueno vamos a convenir un precio
—Nos vemos esta noche. Prefiero mostrarte el material en persona.
Alejandra llegó al encuentro con puntualidad. Vestía de negro, sobria, elegante, como si se tratara de una reunión de negocios más. Se sentó frente al hombre sin saludarlo siquiera.
—Enséñamelo.