La noche había caído sobre Villa Giordani con un silencio extraño, espeso. Vittorino caminaba por el corredor como un alma errante cuando escuchó la voz de su madre llamarlo con suavidad.
—Vittorino… ven un momento.
Alice estaba sentada en la pequeña sala contigua al jardín interior. Tenía las manos entrelazadas y el rostro sereno, pero en sus ojos había una inquietud que él conocía bien. Esa misma mirada que tenía cuando algo amenazaba a los suyos.
Vittorino se sentó frente a ella, cansado, ve