Alice no cabía en sí de la felicidad. Desde temprano había estado dando órdenes a los empleados, supervisando cada detalle de la cena especial que estaba organizando. La noticia de la reconciliación entre su hijo Vitto y su nuera Amanda era todo lo que había soñado durante años.
—¡Quiero flores frescas en la mesa principal! —indicó a una de las empleadas—. Y que la cristalería esté impecable, por favor. ¡Hoy es un gran día! … exclamo con gran emoción Alice
Los sirvientes iban y venían, preparando todo con esmero, cuando una voz interrumpió la armonía de la casa.
--Buenos días, tía Alice, así la llamaba Alejandra —saludó Alejandra con su tono habitual, alzando una ceja—. ¿Y ese alboroto? ¿A qué se debe tanta felicidad?
Alice se giró con una radiante sonrisa, se acercó rápidamente a su sobrina y tomó las manos de ella con entusiasmo.
—¡Alejandra, querida! ¡Qué alegría verte! —exclamó sin notar la rigidez en el rostro de la joven—. Estoy organizando una comida especial porque Vitto y Aman