Alice no cabía en sí de la felicidad. Desde temprano había estado dando órdenes a los empleados, supervisando cada detalle de la cena especial que estaba organizando. La noticia de la reconciliación entre su hijo Vitto y su nuera Amanda era todo lo que había soñado durante años.
—¡Quiero flores frescas en la mesa principal! —indicó a una de las empleadas—. Y que la cristalería esté impecable, por favor. ¡Hoy es un gran día! … exclamo con gran emoción Alice
Los sirvientes iban y venían, preparand