Amanda estaba sentada en el borde de la cama, intentando ordenar en su mente la conversación que sostuvo con Vittorino. El teléfono vibró con una notificación y, sin pensarlo mucho, lo desbloqueó. Era uno de esos mensajes automáticos de las empresas Giordani que siempre ignoraba… hasta que una imagen capturó su atención.
La foto era nítida, casi artística: Era Alejandra, radiante, elegante, con un traje color marfil que resaltaba su figura estilizada. Su postura era impecable, tenía la típica so