–VITTO! –protestó Amanda, en un susurro, y lo movió como pudo por el hombro.
–¿UH? –musitó él, entreabriendo los ojos.
–¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó ella.
–Durmiendo –replicó él, cerrando los párpados otra vez–. Y te digo que hagas lo mismo.
–¡Sal de mi cama!
–Lo siento, porque pienso quedarme aquí. Ya se te olvido como estabas, no te podía dejar sola y Santi necesitaba mi presencia para tranquilizarse. Así que, cara. Acepta una situación que has creado tú misma. Cállate y duérmete antes