Amanda simulando una firmeza que estaba lejos de sentirla, entró al salón con pasos tensos, casi mecánicos, llevando aún en el pecho el peso de las palabras que Vittorino le había lanzado. Cerró la puerta con suavidad, pero su respiración era todo menos tranquila.
Ella sentía la garganta apretada, el estómago revuelto y una rabia contenida que le quemaba por dentro.
-No entiendo su proceder —exclamó Amanda.-o tal vez sí, pero no quería aceptarlo—Pensó en ese instante.
-Cómo él podía darle la v