VAMPIRO.
PRELUDIO.
Arturo.
La noche envolvió completamente el cielo, y las criaturas nocturnas ya dejaban oír su canto. Me sentía mejor y en paz desde hacía tiempo, siendo protegido por la oscuridad; sin embargo, mi sed y hambre se volvían incontrolables, el dolor en mi cuerpo y debilidad ya se hacían muy evidentes; no quería que ella me viera de esa manera, esta vez no podría controlarme. ¡Debía hacerlo!
Seguí cabalgando bajo la elegancia de la noche, los dulces y afrodisiacos olores de la sangre se me