EL CUADRO DE ANASTASIA Y EFRAÍN.
No aguantaba estar encerrado, siempre lograba que mi soledad se acentuara aún más. Pensé en ir a la cocina y tratar de ganarme la confianza de las criadas, pero ellas se habían distanciado de mí; era como si me rechazaran por el hecho de ser tratada diferente o quizás era por temor a que Mariana las reprendiera por tomarse confianzas conmigo, y a ese misterio aún no le encontraba respuesta, al igual que a las actitudes extrañas cuando veían al conde. Un espantoso trueno destruyó mis pensamiento