REALIDADES QUE MATAN.
Estefanía.
Poco a poco fui abriendo los ojos y, una vez más, la molestia en todo mi cuerpo se hizo notar. Tenía otra vez la sensación de ser víctima de una golpiza. El simple intento de incorporarme me producía dolor. Respiré hondo para tomar fuerza y pararme; al hacerlo, otra vez se manifestó un fuerte dolor de cabeza. Recordé a Arturo dándome la sangre y mordiéndome; instintivamente y nerviosa pasé la mano por mi cuello, afortunadamente no percibí nada.
—Buenos días, condesa —dijo Artu