LA VOZ DE ROSA.
—Toma ese cuchillo a ver si eres capaz de cortarte las venas, obsérvalo bien y notarás que está muy afilado; espero que te sirva —luego de esas palabras salió del cuarto. No pude impedir que mi molestia y dolor se agudizaran. A pesar de sus excentricidades y gustos en la cama, él me había dado la oportunidad de elegir a pesar de las advertencias. ¡Dios mío!, no puedo cambiar. Traté, pero fracasé. Me envolví en la bata y caminé hacia la ventana; mi mente estaba confusa y mi alma adolorida. ¿Me d