NACROFELES.
—Hijo, es tu turno —dijo mi padre. Al principio no entendí lo que quiso decir. —No ponga esa expresión, quiero que pelees con Romina —no pude evitar carcajear.
—¡Padre, no voy a pelear con una mujer!
—¿Estás al tanto de su capacidad y, a pesar de ello, no deseas verla como tu misma persona?
—Esas cosas con las que se enfrentó no son reales, por lo que, por consiguiente, no son tan peligrosas al momento de practicar. Estoy completamente convencido de que un verdadero Nacrofel sería má