Mundo ficciónIniciar sesiónNo pasaron ni cinco minutos en que la puerta de mi alcoba volvió a sonar, al parecer aquella noche no me dejarían escribir la carta en paz, esta vez el propio Rodolfo era quien tocaba.
—Me dijeron que te sentías indispuesta —se veía preocupado, pero también solo.
—Tengo un poco de jaqueca.
—Quería que me acompañaras a cenar, últimamente lo he hecho en soledad. Elizabeth parece haber convertido







