LAS VERDADES SE VAN REVELANDO.
Una semana después de la boda.
¡No veo bien a Rosa! —Rodolfo no paraba de pasar su mano por la frente de María y ella no podía aguantar sus lágrimas. Milton ingresó a la sala con el doctor junto a él.
—¡Gracias a Dios está aquí! Por favor, revise a Rosa.
—No perdamos más tiempo y vayamos.
Al ver a Rosa, el doctor se sorprendió. Era asombroso que en una semana hubiera envejecido tanto como si hubiese transcurrido veinte años sobre ella.
—¿Ahora comprende mi asombro, doctor? —excla