INICIA LA GUERRA.
—¡Contempla tu obra! —exclamó Mariana y tomó mi rostro para enfocarlo en el punto—. ¡No te hagas la tonta, sé que no lo sientes! —me restregó mientras continuaba inmovilizada, llorando lágrimas de sangre. Una lucha implacable se materializaba entre los dos hombres, vi a Adrián caer y levantarse con rapidez. Arturo lo había tomado por el cuello e hizo ademanes de torcérselo, grité.
—¡Tómame a mí, Arturo, voy contigo, te seré fiel, pero déjalo en paz! —Eso provocó que Mariana se burlara.
—No es t