Capitulo 47

Gaia

Pronto se hizo de noche y la oscuridad envolvió por completo el lugar. El bosque quedó en un silencio total, dejando que solo se escuchara el rugido del río golpeando las piedras afuera. Rhea, que ya no podía mantener los ojos abiertos de tanto jugar, apoyó la cabecita en mi pierna y soltó un bostezo largo. El frío de la noche empezó a colarse por la madera antigua, haciendo que buscáramos el calor del otro de forma natural.

— Ya sueño, mamá... —balbuceó mi pequeña, tallándose los ojos con los puñitos.

Conan se acercó y nos rodeó a las dos con sus brazos, pegándonos a su pecho para darnos calor. En ese momento, la paz era absoluta; no había espacio para nada más que nosotros tres y la seguridad de estar juntos.

— Es hora de descansar —susurró él, dejando un beso en mi sien y otro en la cabecita de Rhea—La noche está helada, mejor nos acomodamos ya.

Conan cargó a Rhea con mucho cuidado para no despertarla, mientras yo caminaba a su lado hacia l
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