Requiem 15:
"No hay paz para los que siembran hierro, no hay cielo que los escuche."
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El humo es un muro espeso que me quema la garganta, un sudor de ceniza que se pega a mi piel mientras corro entre los restos de lo que fue mi hogar. El aire vibra con el estruendo de esos rayos de hierro; cada estallido es un tajo en el cielo. Mis pies descalzos chapotean en un lodo que no debería estar aquí, un lodo tibio, viscoso, que huele a la vida de mis hijos escapándose de sus pechos.
—¡Nopiltzin!