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Dejé la bandeja de lado y me pegué más a ella, rodeándola con mis brazos mientras el vínculo seguía ahí, abierto de par en par, exponiéndome por completo. Al sentir mi calidez inundando su mente otra vez y escuchar mis palabras, Gaia no pudo más. Se quebró.Sentí a través del lazo cómo sus muros se derrumbaban igual que los míos. Empezó a llorar, pero no era un llanto de tristeza, era un llanto de puro alivio, como si se estuviera quitando un peso de encima que la estaba matando. Sus hombros se sacudían y escondió la cara en mi cuello, mojándome la piel con sus lágrimas calientes. Sus manos se aferraron a mi camiseta con una fuerza desesperada, como si tuviera miedo de que si me soltaba, yo volvería a cerrar el vínculo y a desaparecer.— Estás aquí… —logró decir entre sollozos, con la voz ahogada— De verdad estás aquí…Sentir su dolor y su necesidad a través de nuestra conexión me desgarró. La apreté más fuerte contra mí, escondiendo mi rostro en su c






