Mundo ficciónIniciar sesiónGaia
Lisse y yo nos sentamos en la mesa de madera de su jardín. El sol pegaba suave, y ver a Rhea corretear intentando atrapar una mariposa me dio un segundo de paz. Lisse se veía tan tranquila; se había unido a Rebert, el hermano de Violette, hace un año y verlos en esa casa acogedora me recordaba la vida con la que yo alguna vez soñé. Una estabilidad que ahora sentía que se me escapaba entre los dedos.—Te noto muy tensa, Gaia —dijo Lisse, rompiendo el silencio mientras servía el té con cuidado—. Rebert dice que el ambiente en la casa grande está insoportable con tantas manadas de visita.—Me imagino —le contesté casi sin ganas. Mis ojos no se apartaban de Rhea; ver su inocencia era lo único que me mantenía cuerda en este momento.—Amiga... ¿Ya me vas a contar qué es lo que te pasa realmente? —me preguntó Lisse. Dejó la tetera a un lado y me observó fijamente, con esa preocupación que solo tienen las amigas de verdad.—No es nada —le mentí, refugiándome en






