Capitulo 40

Gaia

El sol entró por la ventana con una crueldad necesaria. Me desperté con el cuerpo pesado, pero el dolor de la noche anterior ya no era un llanto descontrolado; ahora era una piedra fría asentada en mi pecho. Me levanté de la cama, evitando mirar las sábanas revueltas que servían como recordatorio de mi humillación. Me bañé con agua casi helada, frotando mi piel con fuerza, intentando quitarme el rastro de su aroma y de sus manos.

Caminé con pasos silenciosos hacia la habitación de Rhea. Me quedé en la puerta observando cómo subía y bajaba su pequeño pecho al respirar. Ella era mi paz, pero ahora mismo yo necesitaba mi propia fuerza. Cerré la puerta con cuidado y regresé a mi cuarto para buscar mi ropa de entrenamiento.

Me puse los leggings negros y el top, sintiendo cómo la tela elástica me comprimía, dándome una sensación de soporte que me hacía falta. Me senté en el borde de la cama para ponerme las vendas. Lo hice con calma, enrollando la tela blanca alreded
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