Capitulo 40

Gaia

El sol entró por la ventana con una crueldad necesaria. Me desperté con el cuerpo pesado, pero el dolor de la noche anterior ya no era un llanto descontrolado; ahora era una piedra fría asentada en mi pecho. Me levanté de la cama, evitando mirar las sábanas revueltas que servían como recordatorio de mi humillación. Me bañé con agua casi helada, frotando mi piel con fuerza, intentando quitarme el rastro de su aroma y de sus manos.

Caminé con pasos silenciosos hacia la habitac
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