Gaia
Me di media vuelta y mis ojos chocaron con los suyos; una mirada esmeralda tan profunda y encendida que me estremeció el cuerpo entero. Él me observaba con una fijeza absoluta, como si no hubiera nadie más en ese salón lleno de gente.
— ¿Qué hace una mujer tan hermosa sola en esta cena? — preguntó. Mientras hablaba, en su rostro pude notar una pequeña sonrisa, una expresión cargada de fascinación que me hizo sentir un sutil e involuntario magnetismo.
— Mi compañero está un poco ocupado