LAYA, SOY YO.
Zahida estaba al borde del colapso cuando el Emir quiso besarla, y aunque toda la química de su cuerpo se disparó, ellos fueron interrumpidos por el llanto del bebé que los hizo despegar de inmediato.
—Lo siento… —Hakim asintió, observando cada paso de ella, y notando como corría a atender a Omar con una delicadeza extrema.
Notó la sonrisa en su boca, y como acarició a su hijo, para mecerlo en sus brazos.
—Ya está… estoy aquí… —Hakim frunció su ceño levemente y se acercó a ella