ÉL TENDRÁ QUE ESPERAR…
Ana tomó su suéter y lo cerró para abrazarse con sus brazos. Estar frente al hombre que una vez amó con locura, no estaba siendo fácil de procesar, y mucho menos cuando pensó que nunca más en su vida volvería a verlo.
Había una mezcla en su sistema. Una rabia incontenible, aquella con la que vivió demasiados años, y un pedazo que nunca pudo pasar. Ni perdonar.
Sus ojos se cristalizaron con fuerza, y negó hacia ese hombre que parecía no le habían pasado muchos los años.