El sonido del agua llenaba la habitación. Leonardo se había metido a la ducha sin notar el silencio que reinaba en el cuarto. Ana, recostada de lado, fingía dormir mientras su mente aún repasaba cada palabra de la noche anterior. No lograba borrar la sensación de que algo no encajaba.
Él había jurado que no pasaba nada con Isabella. Que todo estaba terminado, que no tenía por qué preocuparse. Pero la inquietud seguía ahí, clavada como una espina.
Ana se levantó despacio y fue por el teléfono