El sonido llegaba desde el jardín como algo vivo y rabioso. Madera astillándose. Tierra siendo arrancada con violencia primitiva. Un rugido ahogado que no sonaba completamente humano.
Danna yacía despierta en la oscuridad de la habitación que compartía con Stephano. Las sábanas de lino italiano se sentían demasiado suaves contra su piel. Todo en esta villa era demasiado suave. Demasiado hermoso. Demasiado frágil.
A su lado, Stephano dormía con una mano posesiva sobre su vientre plano. Incluso en