El sol apenas había asomado en el horizonte cuando Pedro aseguró la última caja en la parte trasera de la camioneta.
Era una entrega sencilla de quesos y dulces caseros en la ciudad, pero también una buena oportunidad para recoger el encargo que Paulo le había prometido.
La colaboración con aquel viejo conocido de la facultad de ingeniería agrónoma se había revelado como un regalo inesperado, y Pedro se sentía esperanzado como hacía mucho no se sentía.
Jasmine apareció en el porche con una taza