La luz dorada del atardecer se derramaba sobre los campos ondulados de la finca, pintando el horizonte con tonos cálidos de naranja y cobre. Pedro había pasado el día ayudando a Jasmine con el nuevo sistema de riego, y ahora ambos caminaban lentamente de regreso a casa, acompañados por el suave susurro del viento entre las hojas y el trinar de los pájaros que se preparaban para dormir.
Pedro llevaba las manos en los bolsillos, inquieto. Un pensamiento le rondaba la cabeza desde hacía días, y se